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«Cuida tu lenguaje y él cuidará de ti»

«Cuida tu lenguaje y él cuidará de ti»

El filósofo, escritor y conferenciante Luis Castellanos, dialoga con Agenda Senior sobre las estrategias para utilizar el lenguaje interno y externo de forma que nos ayude a transitar los caminos elegidos. “Es importante que aprendamos a habitar aquellas palabras que nos hacen ser personas más cálidas con el resto del mundo.”

Una frase muy resonante en tu trabajo es “Si cuidamos a las palabras, ellas cuidarán de nosotros.”

Sí, ese fue el resultado de la primera investigación que publicamos sobre el lenguaje positivo y la influencia en las tomas de decisiones.

Veíamos que las palabras positivas ejercían un factor favorable dentro y fuera de nosotros. Nos hacían estar más atentos, tener menos tiempo de reacción, es decir que al final utilizabamos menos tiempo para tareas sencillas y nos dedicábamos a ser más precisos. Y la idea surgió de ahí. De que si somos capaces de elegir ciertas palabras, ellas nos van a cuidar, van a darnos otras posibilidades que antes no teníamos, porque el lenguaje no se había estudiado desde ese punto de vista.

Luego pasó a tener un nivel más trascendente: dependiendo de qué palabras vayas eligiendo.

Esas palabras no solamente cuidarán de ti, sino que desarrollarán en ti una forma de entender y ver el mundo diferente.

Por lo tanto, no solamente es que te cuiden a ti personalmente, sino que cuidan tu mirada y cuando cuidan tu mirada, también cuidan de aquello que está mirando: las personas, las cosas, el mundo.

Empezamos por ahí en la investigación científica y luego fuimos yendo a otro mundo un poco más trascendente, totalmente diferente al que se había iniciado en la investigación.

¿Qué malas elecciones tomamos en relación a esto? ¿Cuáles son los peores ejemplos que encontrás de cómo nos relacionamos?

Creo que cuando una palabra interna, sobre todo es el lenguaje interno, porque el externo es producto de lo que ocurre dentro de nosotros. Si nosotros queremos mentir nuestro lenguaje mentirá. Si nosotros queremos estar alegres, nuestro lenguaje mostrará eso.

Al final hay palabras que nos dañan a nosotros, cuando nos empiezan a imposibilitar. Porque no podemos hacer que las palabras se interpongan en nuestra imaginación para conseguir nuestros sueños.

Es decir, hay palabras que se interponen y son obstáculos para nuestra propia imaginación y para nuestro propio futuro.

Por ejemplo: “No lo voy a conseguir”, “No voy a poder”, “Es imposible”, “Es difícil y complejo”, o “Mira que persona me ha tocado a mí en este día”.
Son pequeños obstáculos que se están poniendo entre lo que yo quiero alcanzar en mi vida y el camino que tengo que recorrer: “ Ya no puedo, ya me he saltado del camino”.

Y al final me imposibilita y si voy recorriendo ese camino, cada vez irá imposibilitando más el resto de los años.

De repente, empezamos a poner el dinero o las cosas por encima de las personas, un mal trabajo por encima de un buen trabajo, una mala relación por encima de la buena relación.

Porque al final todo conlleva a la relación que tenemos con el mundo.

Entonces el lenguaje tiene esa posibilidad, es decir, de abrir tu imaginación o quizá de impedir que tu imaginación se abra al mundo. Yo creo que el lenguaje es la posibilidad de abrir la imaginación.

Elegir buenas palabras abre más la imaginación que cuando eliges las que te cierran el mundo.

Y sobre aquel relato interno que expresamos, nos define y hasta nos puede perjudicar ¿Cómo es posible cambiar el relato?

El relato es posible cambiar, pero primero tienes que conocer.

Por eso la metodología del lenguaje positivo es la capacidad de cambiar nuestro propio relato, de escoger las palabras que quiero y deseo que sean mi guía en mi vida, que sean foco, que sean faro.

Lo importante también es que mientras vamos descubriendo no desanimarse, porque podemos encontrar palabras que no sean tan maravillosas como pensamos. Lo importante es seguir aprendiendo. Y eso también es el lenguaje positivo, tener esa posibilidad de empezar a perdonar muchas cosas que van ocurriendo en tu camino.

El lenguaje positivo se convierte en un método de ayudarse. Si nuestra vida es una historia, entonces lo más importante es saber cual es nuestra historia y cual es la que queremos vivir.

Y ahí es donde entran los relatos. Qué es lo que estamos contando que nos contaron cuando nacimos, que todavía nosotros poco teníamos que ver en todo eso. Y si ese relato que nos fueron contando lo hemos adquirido y lo hemos hecho nuestro, tan nuestro que a veces no nos atrevemos a salir de él.

Las únicas señales que podemos tener es que no vamos a estar a gusto con lo que me estás diciendo. No estamos a gusto con lo que estamos escuchando.

Al final la alegría es clave y allí está la metodología del lenguaje positivo que tiene cinco pasos para poder trabajar.

El primero es tomar conciencia del lenguaje, de las palabras que tú te dices a ti mismo internamente, pero también de las que dices externamente. Te las puedes grabar, una conversación que grabes o cuando te estás hablando a ti mismo con toda honestidad.
Escribir lo que te estás diciendo ante un hecho, un acontecimiento, es decir, tomar conciencia física significa que tienes que saber que es lo que estás escribiendo, verlo y que es lo que estás escuchando.

El segundo es la capacidad de escoger o elegir las palabras.

Llega un momento en que puedes identificar qué palabras o frases no te están favoreciendo y entonces buscar alternativas. Y lo importante es que las alternativas las busques tú.

Cuales son las palabras que te gustaría elegir o intercambiar por otras.

Y el siguiente paso que puedes dar sin ser demasiado exigente, porque la exigencia al final termina autodestruyendose porque empieza a exigirnos demasiado y no aprendemos a perdonarnos, que esto es un camino que durará hasta el último día de nuestra vida.

Si no aprendemos a decidir qué palabras utilizamos no vamos a acceder al tercer paso que es la búsqueda de autonomía o libertad.

El tercer paso es esencial, ya no en la esfera de lo interno donde reconocimos que el lenguaje nos estaba poniendo demasiados límites. Acá tenemos la capacidad de tomar conciencia, de elegir las palabras para tener autonomía. Esa autonomía es encontrar nuestra propia voz, como puedo hablar sin miedo o transmitirle a alguien incomodidad por sus palabras o gestos.

Y es en el cuarto paso tienes que ser el capitán de como te expresas. Cuando estás en el mundo externo de una manera concreta, es decir, cuando te relacionas con tu pareja, hijos, amigos, en el trabajo y en la vida, ya tienes ciertas habilidades lingüísticas y sabes que el lenguaje es muy importante.

Empezar a ser conscientes de nuestro lenguaje gestual y corporal para empezar a ser más conscientes de nosotros. Poder ser capaces de perdonarnos a nosotros mismos y a los demás.

Y el quinto paso son las competencias que son fundamentales para el ser humano. Es esa responsabilidad universal que nosotros tenemos de lo que se habla: si hay un cambio climático, si deseamos la paz, o si deseamos que el mundo sea más compasivo, más amable. Nosotros tenemos que tener las competencias para poder llegar a todos esos lugares.

Todas nuestras acciones tienen una repercusión universal y eso es muy importante.

Esos son los cinco pasos: tomar conciencia, regular autonomía, habilidades y competencias. Y pasas desde lo individual, desde el yo hasta lo universal y esa responsabilidad.

Ese es el trabajo de lenguaje positivo, como cuidar tus palabras que ellas cuidarán de ti, pero también cuidarán el mundo.

¿Cómo fue tu experiencia en el segundo paso, descubriste alguna palabra que te favorecía o algún relato que cambiaste con esta investigación?

Si, empecé a identificar palabras con las que quería trabajar. Me di cuenta que para tener todavía más conciencia sobre los relatos necesitaba quietud y silencio. Aprender a estar quieto y a guardar silencio.

Porque son palabras que te pueden acompañar a largo la vida y son la esencia del poder escuchar la vida de otros. Si no tienes quietud y silencio, demasiado ruido no te permitirá ver lo que está ocurriendo en otra persona.

Creo que la quietud y el silencio nos enseña a sorprendernos, asombrarnos, admirar y darnos cuenta de todo el lugar que hay dentro de nuestro corazón.

La otra palabra que fue esencial fue la palabra “si”. A veces estamos muy acostumbrados a los “no”.

Hay muchos cursos que te enseñan a decir que “no” y yo estoy aprendiendo a decir que “si”. Claro que hay que decir que no. Y me pasa personalmente que evaluo muy bien a que conferencias o entrevistas ir y digo mucho que no. Pero no me refiero a esas cosas que están ahí.

El “Sí” te empodera, es la capacidad que tengas un buen concepto de ti mismo, una buena autoimagen, una buena autoestima.

Los “Sí” refuerzan quién eres, porque él “sí” me hace trabajar contigo y me hace que vayamos juntos en un camino. Me hace pensar que de repente somos 7.500.000.000 de personas. El sí te puede abrir a todo el mundo.

Los “Si” abren nuestras conexiones neuronales y los “No” la cierran. Es como una barrera que te cierra. Los “No” están para cuidarnos. Y el “si” te está permitiendo abrirte al mundo.

Y la otra palabra que ha ido formando parte de todo mi autoconocimiento es la palabra paz.

Lo primero que tienes que preguntarte es qué paz puedes aportar hoy desde que te levantas. No significa que vas a hacer todo perfecto, pero que conservas la capacidad de perdonar, ser amable contigo mismo y compasivo, es parte del camino.

Hasta acá el foco estuvo puesto en el lenguaje interno, ¿Qué pasa cuando queremos ayudar a otro, aliviar un sufrimiento o dar un consejo? ¿Cuál es la clave para acompañar a otra persona?

La clave es conocer a la otra persona. Si no conoces a esa persona lo primero que puedes hacer simplemente es ser cálido, con un abrazo, con una mirada, cuidar su salud, es decir, aliviar del dolor y el sufrimiento.

Cuando son personas que conocemos de nuestro círculo hay que saber cuándo conviene hablar y preguntar cómo podemos ayudar. Ofrecer y ayudar en cualquier cosa que sea elemental al observar agobio en su mirada. Tienes que estar atento a los signos. El cuerpo es fundamental, el tocar, la caricia y saber que hay gente que la acepta y otros que no.

Es estar atento a todas las señales que te está enviando la otra persona y no darse nunca por vencido. Si la otra persona no se deja ayudar, no hay que darse por vencido.

La historia de la humanidad es quien se deja ayudar y quien no.

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