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En un valle del Ecuador hay cuarenta años más de vida

En un valle del Ecuador hay cuarenta años más de vida

«En Vilcabamba, además de vivir mucho se muere de otra manera. Cuando llega el momento de partir, se despiden sin preparativos: salen a trabajar y no vuelven, se acuestan a dormir y ya no se levantan. Sin aviso ni convalecencia me peleas por quién se hace cargo ni hijos protestando por cuidar a sus padres no llegan a pasar por esa etapa en la que uno se pregunta si realmente vale la pena seguir viviendo. Llevan una vida muy humilde pero la terminan como aristócratas».

Ricardo Coler es un médico argentino que un día decidió viajar a Vilcabamba, un pueblo situado en Ecuador donde la mayoría de sus habitantes vive más de 120 años. Se trata de una de las zonas azules, lugares del mundo donde se encuentran las personas más longevas y por ello se vuelven motivo de investigaciones, documentales y turismo de todo tipo.

Como resultado de su aventura Ricardo Coler escribió un libro, Eterna Juventud, en el cual intercala el relato de su viaje y sus observaciones de esta milagrosa población con una situación personal vinculada a su propio padre, mal de salud y sostenido por los avances de la ciencia. El resultado es una cautivante reflexión sobre la finitud de la vida por un lado, y la aparente eterna juventud por el otro.

El objetivo de su viaje fue indagar e intentar comprender qué hay detrás de este misterioso lugar en el que reina la vitalidad sin esfuerzo, y en el cual políticos, científicos, militares, millonarios y artistas internacionales se apuran y compran tierras porque nadie quiere quedarse afuera de la posibilidad de la eterna juventud. Desde su perspectiva médica sostiene que la vejez puede ser una enfermedad como cualquier otra, con mecanismos biológicos sobre los que es posible actuar y en ese sentido quizá Vilcabamba sea una clave.

Coler va coleccionando aprendizajes de las entrevistas que le realiza a distintos habitantes, todos mucho más allá de los 100 años, como Don Arboledo, de 98 años que sube todos los días 2 mil metros su montaña para cultivar cebolla, yuca y frijoles, o Doña Herminia, que se casó por primera vez a los sesenta y ocho. Entre los «tips» anota: no vivir en ciudades y comer poco, no importa la dieta.

Otro dato que le llama mucho la atención es que los ancianos del Valle se cuidan solos hasta el final y que en general no se enferman, viven una vejez sin necesidad de atención.

Pasados los cien, los locales leen sin anteojos, conservan la dentadura completa, la potencia sexual, su cabello no encanece y muchos se jactan de sus aventuras amorosas. La resolución del misterio no tiene nada que ver con la dieta ni con los hábitos saludables: fuman, beben, consumen sustancias nocivas (Chamico) y participan activamente de las fiestas del pueblo. Consumen carne, sal, café y grasas. En general no se hacen chequeos médicos ni toman medidas de prevención porque no se enferman; tampoco piensan en jubilarse. Para el autor, Vilcabamba es un golpe bajo para los que miden las calorías, eligen lo natural como única opción y se obsesionan con el cuidado del cuerpo.

Algunos otros especialistas que también viajaron con el objetivo de develar el misterio adjudican la longevidad al estilo de vida natural y a la ausencia de contaminantes en esa zona del valle. Pareciera que Vilcabamba no existe eso de «prevenir», mucho menos de obsesionarse con los hábitos saludables, viven sin mortificarse tanto con esas cosas, ni pensando en cómo alargar la vida a cualquier costo. Paradójico.

Al autor esto le genera asombro pero también se revela cómodo cuestionando las numerosas modas que afirman que tal o cual dieta o superalimento garantizan una vida eterna: «si el cuidado de la salud hubiera sido siempre una bandera, si lo único razonable hubiera sido tener una vida sana, la humanidad no tendría historia, y si la tuviera, sería una en la que nunca pasó nada».

Si las teorías pseudocientíficas fueran plantas, Vilcabamba sería una selva, afirma Coler. La verdad es que no se sabe exactamente la razón científica pero los centenarios existen y caminan por las calles de Vilcabamba, la mayoría en buen estado físico.

«Lo que sabemos hasta ahora acerca de los cuidados del cuerpo y de lo que favorece la expectativa de vida es insuficiente para entender lo que pasa en el valle. Hay cuarenta años más de vida que no tienen relación con la sal, las grasas o el ejercicio. Por eso, además de los científicos, se acercan en forma silenciosa los multimillonarios, los creyentes, los políticos y los mesiánicos. Gente linda y con mucha iniciativa. Vienen por esos cuarenta años como antes iban por el oro en el Lejano Oeste o por el petróleo en Medio Oriente».

Al parecer el lugar mismo tiene algo que ver. La población del valle se conforma de personas que fueron llegando desde distintos lugares, no se trata de una comunidad cerrada que se preserva manteniéndose ajena a los demás. Lo curioso es que los extranjeros mejoran al llegar y los que nacieron en Vilcabamba cuando se van, viven mucho menos que aquellos que se quedan. Hay varios ejemplos porque es común que los ecuatorianos se vayan a trabajar fuera del país, ya que el dinero que les envían a sus familiares es una importante fuente de ingresos.

Todo inclinaría a pensar que la longevidad, al menos la de la zona, no es hereditaria, tampoco genética, sino la consecuencia de algo que ocurre en el valle.

«En un valle del Ecuador hay cuarenta años más de vida. Nadie sabe dónde se originan, ni cómo hacer para ubicarlos. Pero están. Las pruebas caminan por el pueblo, se paran en las esquinas, saludan a los vecinos, trabajan la tierra, hacen sus cosas.Para una humanidad enfocada en el miedo a envejecer y después de envejecer a morir, saber que existe esta posibilidad y no poder utilizarla, es desesperante. Por eso aparecen las explicaciones. Una buena explicación no necesita ser verdadera, alcanza con ser creíble. No importa lo que diga, lo importante es que nos calme.Los militantes de la vida sana opinan que en Vilcabamba viven mucho porque hacen ejercicio y respiran aire puro pero cuando salen a correr miran para otro lado cuando ven a los longevos consumir alcohol, tabaco y droga».

Eterna Juventud no es un libro nuevo pero si es muy vigente. El final no es concluyente como tampoco lo fue el viaje del autor, volvió con más preguntas que respuestas. Sin hacer apología de los malos hábitos en relación a la salud y la alimentación, resulta distinto e interesante que de tanto en tanto pongamos en duda ciertas modas y mandatos que tan fácilmente se propagan y nos hacen obsesionar con la receta para vivir más y, en cambio, reflexionemos sobre cómo vamos a vivir y a llenar esos 40 años de más.

Por Camila Naveira.

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