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Asustar al miedo

Asustar al miedo

La comunicadora y especialista en clown Wendy Ramos en un entrevista profunda sobre encontrar un propósito, afrontar los miedos, creérsela y vivir en estado de curiosidad permanente.

Desde tu experiencia, ¿cómo es estar continuamente planteándose nuevos objetivos?

Mi forma de afrontarlo es no ponerme muchas metas y no tener objetivos sobre qué voy a hacer cada año. Sino que soy más de guiarme por propósitos.

Me llevó varios años darme cuenta, pero todas mis decisiones estuvieron guiadas por un propósito, que es el mismo que tengo ahora, antes no lo veía.

Ahora tengo la claridad de acomodar cada oportunidad a mi propósito, me pregunto mucho: ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Cuál es el motivo?

Tener un propósito claro me ayuda a ser flexible a la hora de afrontar objetivos.

A mi lo que me interesa es encender fuegos, despertar emociones. Ayudar a señalar y descubrir actitudes de la vida que puedan servir para generar cambios. No es decirte lo que debes hacer, sino ayudar a dar empujones para un autodescubrimiento.

Ya sea desde un libro, una performance o en mis redes sociales, todo el tiempo estoy buscando lo mismo: despertar a la audiencia.

¿Cómo es ese camino de encontrar el propósito?

Muchas veces me encuentro con alumnos que están guiados por un propósito pero no saben cual es. Por eso hay que trabajar en que es lo que somos, que hay dentro nuestro y entender todo el potencial que tenemos. Crecimos con miedo a demostrar lo que sentimos y eso no ayuda en el camino para encontrar tu propósito.

Hay que evitar apagar el fuego todo el tiempo. No hay que tener miedo a brillar, ni a las decisiones que tomamos. Nos hemos creído muchas cosas que nos han dicho y eso nos afecta mucho.

Crecimos con mucha sumisión y obediencia. Vivimos en sociedades donde reina la domesticación del ser humano con ciertas cosas que debes y no debes hacer. Y mucha gente las cree: cosas que no debes hacer, ser obedientes, dóciles, esforzarse por conservar el trabajo y que no te boten.

Muchas personas cuando van a una entrevista de trabajo buscan gustarle a la persona y no se dedican a ver si quieren trabajar ahí o no. Lo mismo con las parejas.

Por eso cuesta mucho ser responsable y preguntarse si quieres o no estar ahí, en ese trabajo o en esa relación.

Entonces creo que por ahí es un poco de búsqueda activa. Mis talleres son un espejo para verse bien de cerca y todo el trabajo es a través de juegos.

Entonces la gente juega y en el juego salen un montón de características, y es ahí cuando recalco la importancia de prestar atención a lo que piensan, a lo que sienten y especialmente a cuando se sienten incómodos. Porque si te sientes así, hay algo allí que te está molestando, hay algo ahí que no va, que está haciendo ruido. Porque es algo que a ti te molesta y a los demás no.

Es como que los obligo a mirarse un poco y ya cuando empiezas a hacer eso agarras el hábito de darte cuenta: ¿Te gusta donde estás? ¿Te gusta o no lo que haces? ¿Amas o no a tu pareja? ¿Te sientes incomodo? ¿Qué cosas te hacen estar cómodo?

Es difícil darse cuenta si te gusta o no lo que estás haciendo porque está completamente relacionado a lo que mencionas sobre nuestra cosificación en culturas capitalistas.

La pregunta clave es si estás orgulloso de lo que estás haciendo. Si tienes ganas de contárselo al mundo. Cómo te hace sentir eso que haces.

Hay ciertos trabajos donde creo que no me sentiría feliz, que no podría dormir tranquila, que no los haría si no me pagarán de ninguna manera. Y cuando me encuentro con eso digo que no. Si no me pagaran no lo haría, no iría ni media hora a ese sitio.

Así voy acostumbrando a mi cuerpo a estar donde quiero estar y no estar donde no quiero estar. Y llega un momento que si tú haces ese entrenamiento, tu cuerpo no te va a dejar hacer cosas que tú no quieres.

Hay que tener mucha seguridad para tener esa actitud. Y también puede pasar que a los 20 años elegiste un camino que 30 años después quieres cambiar.

Por eso hay que estar en una búsqueda permanente, y todo el tiempo mirar alrededor y no cerrarse a cosas. Si un interés te despertó por algo es. A mi me pasó con el clown.

Cuando tomé mi primer taller no sabía qué era, no entendía qué era, me lo explicaban y no entendía nada. Pero algo de lo que hablaban me daba curiosidad y me metí y eso me cambió la vida.

Ese taller que hice de clown cambió todo el resto de mi historia.

Hay que exponerse, uno nunca sabe ni como ni cuando vas a encontrar el amor de tu vida. La búsqueda es como una cita a ciegas. Te metes en una cita a ciegas, de pronto te enamoras, de pronto no, y sigues o de pronto le das un espacio.

¿Cómo se hace en la vida cotidiana para conocernos más?

La curiosidad para mí es el motor de todo. Curiosidad hacia el afuera, curiosidad de lo que te produce empatía y también de tener curiosidad por los otros, por sus formas de pensar y actuar.

Yo vivo muy atenta conmigo. Entonces cuando me veo haciendo algo que no me gusta, freno y voy corrigiendo.

Revisando tu vida, dándote cuenta dónde empezaron esas cosas que no te gustan, en qué escena de tu vida, porque empezaste a ser así, que ahora ya no te sirve, pero te ha servido en algún momento. Creo que es un trabajo muy interesante. No siempre es una delicia, a veces es doloroso encontrar ciertas cosas, pero es la manera de crecer y creo que estamos acá para crecer.

¿Por qué nos cuesta tanto arriesgarnos? ¿Por qué tenemos tanto miedo?

Porque nos han metido muchas cosas en la cabeza. Yo tengo cosas que no me gustan de mí y que claramente vienen de una vocecita de allí al fondo del pasado. Cosas que nos prohibieron o miedos.
Tenemos prejuicios, tenemos un montón de cosas acumuladas. Entonces eso es lo que nos frena: el miedo a ti mismo,  la responsabilidad de tomar tus propias decisiones.

Claro que tomar decisiones da miedo. Salen muchas preguntas sobre el fracaso, sobre qué pasa si nadie nos quiere. Y es lógico tener esos miedos al comienzo, es normal, pero si tú lo alimentas, crece, crece, crece y puede llegar un momento que no te deja hacer nada.

¿Cuál es el primer paso para asustar a esos miedos?

Lo primero es asustarlo. Mi curso trata de cómo amistar con tu miedo. Pero primero hay que asustarlo. Y lo asusta mirándolo, porque el miedo llega un momento en que toma control de tu vida y está bien sentado, con su control remoto, haciendo que tú hagas lo que él quiere y tú ya no cuestionas nada y solamente decides.

Pero cuando tú lo miras, el miedo dice: ¿Qué pasó? ¿Qué pasó?. Y se va calmando.
Y ahí les pido a los alumnos que escribieran en un papel cuáles son sus miedos.

Y hay gente que no puede, me dicen: me da miedo hacerlo lista, me da miedo descubrir lo que tengo.
Otra gente se siente aliviada de hacer su lista de miedos, porque cuando los tienes ahí, tú comienzas a mirarlos y ahí ya están quietos porque los tienes ahí en el papel.

Y a los que ya los capturaste, los agarraste, los pusiste ahí y te das cuenta de que hay algunos miedos con los que vas a tener un trabajo de otro tipo, como son las fobias, miedo a la altura, miedo de la claustrofobia, esos miedos que te paralizan, que ya vienen de un trauma o de algún recuerdo de la infancia. Eso hay que trabajarlo de una manera especial pero en realidad no me ha impedido hacer nada de lo que yo quiero hacer, o sea, tampoco es algo urgente que tenga que resolver.

Hay otros miedos que son normales: miedo que se mueran tus hijos, miedo que se mueran tus padres, miedo que te asalten, miedo que te hagan daño. Todos tenemos más o menos, pero los tenemos todos.

Y hay otros que sí nos pueden paralizar: miedo a fracasar, miedo a hablar en público, miedo a tomar responsabilidad en tu vida, miedo a brillar, miedo al éxito o al fracaso.

Y lo primero es ponerlos en un papel. Y luego que los tienes ahí, pensar con cuáles puedes trabajar.

Hay algunos que no los puedo controlar porque no dependen de ti. Entonces si no puedes hacer nada con eso hay que soltarlo y quedarse con lo que uno sí puede hacer.

Hay mucho miedo al destrato o que no nos traten como queremos.

Por eso hay que creérsela más. Saber tu valor y demostrarlo.

A mi me pasa que me cuesta poner un precio a mi trabajo. Porque está la idea de que el arte no tiene valor. Y lo mismo pasaba de chica, importaba nuestra nota en matematica no en pintura.

Entonces cómo te cobro por algo que no es importante? La primera que tiene que saber el valor de mi trabajo soy yo, porque si tú no le das valor a tu trabajo, nadie se lo va a dar.

Parecería ser que si nos planteamos así tenemos poca humildad. Pero en verdad nos estamos valorando. Hay que reeducarnos y sobre todo ensayar, practicar.

¿Hay algún tema donde sea difícil tratarlo con humor en tu profesión?

Una de las primeras cosas que hice con mi grupo de clown fue un espectáculo en pleno terrorismo en Perú y hablábamos sobre eso en el espectáculo y teníamos al público riéndose y llorando al mismo tiempo de todo eso que nos estaba pasando.

Ahí me quedó clarísimo que con el humor se puede hablar de cualquier tema.

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